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miércoles, 17 de mayo de 2017

San Juan de Duero - Soria

Iglesia
La iglesia es muy sencilla, de una sola nave con presbiterio y ábside; aquél, con bóveda de medio cañón apuntado, y éste, semicircular con bóveda de horno. No tendría nada de llamativo si no fuese por los dos templetes dispuestos uno a cada lado del presbiterio a modo de iconostasio, de forma que podía cerrarse el espacio que quedaba entre ambos y ocultar al sacerdote en el momento de la consagración, siguiendo las normas del rito griego. Se trata de dos baldaquinos, de cúpula esférica, el uno, y cónica, el otro, pero en ambos casos esquifadas y montadas sobre columnas de cuádruple fuste y capitel y basa únicos. Los capiteles ostentan relieves figurativos de meritoria labra escenificando pasajes evangélicos y alegóricos. En uno de ellos se contempla la Virgen tumbada en la cama mientras una mujer arregla la almohada. San José aparece muy deteriorado, el niño en la cuna y, sobre toda la escena, la mula y el buey bajo una estrella. Es curioso ver cómo hay tal abundancia de imágenes, que las ovejas de la Anunciación invaden la escena de la Adoración de los Reyes y la Virgen y el Niño al que adoran están tan esquinados que aparecen torcidos.

Claustro
Con ser originales estos dos templetes, lo es más el claustro construido en el siglo XIII. Forma un cuadrilátero irregular cuyos cuatro ángulos, esto es, la propia esquina achaflanada y los semilados que en ella concurren, son diferentes entre sí. El ángulo noroccidental, anterior a los demás, es típicamente románico, con arcos de medio punto y basamento corrido. El nororiental no tiene basamento, siendo sus columnas de fustes cuádruples dispuestos en forma de cruz, y sus arcos túmidos. El vértice sudeste posee columnas acanaladas de sección cuadrada y arcos túmidos que se cruzan entre sí. El otro ángulo, el suroeste, tiene columnas de doble fuste circular y capiteles ornamentados, sobre los que apoyan los arcos apuntados que se cruzan de forma parecida a los del ángulo anterior, pero con mayor simplicidad. Se trata sin duda de uno de los espacios claustrales más excepcionales no ya de España, sino de todo Occidente, pese a haber perdido la techumbre y presentarse en la actualidad como ruina (restaurada, no obstante).
Gustavo Adolfo Bécquer escribió uno de sus más conocidos relatos, la leyenda de El Monte de las Ánimas, basándose en los Caballeros o Templarios y los parajes de su alrededor.

(Wikipedia)

sábado, 13 de mayo de 2017

Monasterio de Silos Burgos

El Monasterio de Santo Domingo de Silos se halla ubicado en la parte oriental de un pequeño valle de la gran meseta castellana, que el primer documento conservado del Archivo de Silos, del año 954, ya denomina como valle de Tabladillo.
La vida del hombre en Silos y en su comarca se remonta a tiempos prehistóricos, conocida hoy en día gracias a una serie de excavaciones arqueológicas.
La vida monástica en todo el Valle de Tabladillo, especialmente en Silos, comenzó con probabilidad, a la hora de la reconquista castellana, a fines del siglo IX, en forma de granjas monástico-familiares.
Pero, desde el siglo X, el monasterio propiamente de San Sebastián de Silos ya entra en la historia documentalmente.
Sin embargo, debido a los estragos de Almanzor, el monasterio silense cae en gran decadencia material y espiritual. En este momento, en 1041, hace presencia, de la mano del rey Fernando I de Castilla, el monje riojano emilianense Domingo. Es nombrado abad de Silos y, en treinta y dos años, con su ímpetu restaurador y con su santidad, levanta a Silos en sus edificios y en su comunidad. Muere el 20 de diciembre de 1073. Es canonizado en 1076, y se convierte en el taumaturgo medieval de la zona y su tumba en centro de peregrinación.
Surge el claustro románico extraordinario, y brilla el scriptorium silense con obras como el Beato de Silos, hoy en el Museo Británico.
La Baja Edad Media coincide con una etapa menos brillante de la Abadía castellana. Pero, en 1512, el monasterio silense se adhiere a la Congregación Benedictina de Valladolid y se va formando el monasterio moderno al lado del medieval: muralla perimetral; ala sur para las celdas individuales de los monjes; la capilla de Santo Domingo; la iglesia neoclásico-barroca.
En 1835, en noviembre, obedeciendo el decreto de exclaustración del gobierno de Mendizábal, se dispersa la comunidad y se interrumpe la vida monástico benedictina de Silos a lo largo de cuarenta y cinco años.
Afortunadamente, el 18 de diciembre de 1880, un grupo de monjes benedictinos franceses de la Abadía de Ligugé, dirigidos inteligentemente por un monje de la Abadía de Solesmes, Dom Ildefonso Guépin, salvó a Silos de la catástrofe total al elegir las ruinas silenses como su refugio.
Estos monjes fueron restaurando con esfuerzos casi heroicos el Monasterio silense; y, con la restauración material, procuraron recuperar parte de los restos culturales. Encontraron 14 manuscritos medievales; muchos diplomas, también de la Edad Media; y casi todo el archivo de la Edad Moderna.
Desde entonces, en el siglo XX hasta hoy, la comunidad de Silos ha tenido y tiene una gran vitalidad: con su testimonio, con sus celebraciones litúrgicas, con sus aportaciones a la cultura, y con su irradiación, fundando varias casas nuevas en España, como Estíbaliz (Álava), Montserrat de Madrid, Leyre (Navarra), Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid); y en Hispanoamérica: México y Argentina.
Silos ocupa un lugar importante en la Orden Benedictina y en la Iglesia Española en el mundo actual.
Por lo que se refiere a su aspecto exterior, en sus edificios monasteriales, Silos se compone de dos monasterios yuxtapuestos, en torno a dos claustros: a) el medieval; y b) el moderno o clásico-barroco; con la iglesia al Norte, y la gran ala Sur, o zona habitacional, con las celdas de los monjes. Esta parte sufrió un pavoroso incendio en 1970, y se redujo a cenizas. Pero bajo la dirección de Bellas Artes, se restauró en 1971-72, con la planificación y supervisión continua de los arquitectos Alberto García Gil y Julia Fernández de Caleya. Desde entonces Silos es un gran monasterio a la vez histórico y funcional.

(© 2013 - MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE SILOS)

Monasterio de Sant Cugat

La fundación del Monasterio de Sant Cugat d'Octavià se sitúa en el siglo IX, en el contexto de la expanción de las vida monástica de manos de los benedictinos, dentro de los condados catalanes y bajo el impùlso de la monarquía franca.
Durante los siglos X y XI la comunidad de Sant Cugat gozará de una gran influencia política y espiritual en la diócesis y condado de Barcelona.
El claustro del Monasterio representa uno de los conjuntos románicos más relevantes de Cataluña y del románico en general. Se sabe que estaba en construcción en el año 1190 y guarda la firma del Maestro Arnau Cadell, que vivió en el Monasterio.
El conjunto de edificaciones del Real Monasterio incluye la iglesia con el campanario, el claustro y edificios anexos. Delante de la iglesia se encuentra el Palacio del Abad. Otros elementos del conjunto son el Portal Mayor y la Cruz de Término.
Rodeando el recinto, por el sur y el este, está la antigua muralla exterior
Fuñé declarado Bien de Interés Cultural Nacional en 1931.

(Ayuntamiento)

El Real Monasterio de Santa María de la Caridad de Tulebras

Tulebras será la primera fundación cisterciense femenina de los reinos hispanos. Las hermanas se instalaron en Tulebras en 1156, paraje ribereño del río Queiles, rico por su regadío, fronterizo entre Navarra y Aragón, y codiciado por uno y otro reino. Aquí existía una antigua domus romana.
Tulebras eclesiásticamente estuvo vinculado al reino de Aragón, y pertenecía a la diócesis de Tarazona, y a los monjes cistercienses, del vecino monasterio de Veruela.
Son múltiples las fundaciones que salieron del monasterio de Tulebras, convirtiéndose en el Siglo XII en el germen del Cister femenino.
Con la desamortización de Mendizábal perdieron todas su propiedades, aunque la comunidad permaneció en el lugar e incluso acogieron a algunas hermanas del extinto cenobio de Trasobares.
A comienzos del Siglo XX, se instaló una vaquería y una máquina de hacer medias. A través de su huerta, el monasterio se autoabastecía
En la actualidad, las monjas tienen diversas ocupaciones. En parte de la huerta del monasterio tienen instalada una granja en que crían gallinas, hacen miel y cremas curativas para heridas, quedamuras, y cremas de embellecimiento como antiarrugas, y en el obrador elaboran sabrosas pastas de té.
Cuenta con una hospedería donde acogen a quienes llaman a su puerta, y que quieran participar de su sencillez, silencio y oración.
Si hacemos un breve recorrido por el Monasterio de Tulebras, en primer lugar nos detendremos en la iglesia por ser el edificio más antiguo que se conserva, se levantó al finalizar el Siglo XII.
En su interior, al que el público accede por la capilla de san Bernardo, se compone de una sola nave, y la espectacular bóveda estrellada que hoy podemos observar, es lo único que queda de la reforma del Siglo XVI
Nos encontramos con dos lienzos barrocos del SXVII, uno dedicado a la aparación de la Virgen a san Bernardo y el otro a san Benito.
Nuestra segunda parada se centrará en el Claustro, este es el espacio más significativo, por ser centro vital y espiritual del monasterio, y a través de él se accede a todas las estancias monacales.
Otro elemento a destacar del monasterio es la Sala Capitular, donde se venera una pequeña imagen románica de la Virgen con el Niño del Siglo XII.
Las demás dependencias con las que cuenta el monasterio son las celdas, salas de trabajo, enfermería y refectorio.
El monasterio de Tulebras en la actualidad tiene hoy un aspecto cuidado y acogedor, y todo gracias al esfuerzo de esta comunidad de hermanas, que con ilusión centran su trabajo en la conservación de este bello monasterio.
Recomendamos este monasterio para una agradable visita y destacamos el acogedor recibimiento dispensado por las hermanas de esta comunidad.

(Visita por el Moncayo)

Real Monasterio de la Asunción - Játiva

El Real Monasterio de la Asunción o de Santa Clara, en el municipio de Játiva (provincia de Valencia), es un edificio conventual de estilos gótico y barroco construido en el siglo XIV y con posteriores reformas y ampliaciones de los siglos XVI a XVIII, que fue fundado extramuros en el año 1325.
Las obras de este monasterio y las del convento de franciscanos fueron coetáneas de la misma orden, masculina y femenina, y sus trazas o ejecución se debieron muy probablemente al mismo maestro de obras, siguiendo pautas de distribución y de ornamentación muy similares.

Descripción
El Monasterio formaba un cuadrilátero de aproximadamente 70 por 70 metros, organizado alrededor de un claustro. En el siglo XVII se recreció el claustro, aunque el original gótico quedó intacto y la iglesia, de arcos perpiaños, fue recubierta con una bóveda de cañón con lunetos. En 1748 sufrió los efectos del llamado Terremoto de Montesa, resintiéndose la estructura del templo, por lo que se sustituyeron los arcos por una cubierta de cerchas en tijera de madera, ocultas por la bóveda del XVII.
El resto del templo gótico se mantiene con el revestimiento de mampostería en el XVII, con los contrafuertes originales de piedra bajo los enlucidos de yeso.
Durante la Guerra Civil el monasterio fue dinamitado y derribado en gran parte, quedando actualmente en la zona de la portería, la puerta ojival de dovelas lisas, por la que se accede al monasterio desde la calle Moncada.
La iglesia existente hoy es un templo de una sola nave, levantado en el siglo XIV, con contrafuertes interiores y capillas entre ellos. A los pies del templo hay una dependencia con bóveda de crucería. De ella parten dos escaleras: una, llamada por la comunidad "Secreta", y construida en el siglo XVII en una caja de mampostería. Dicha escalera sólo era utilizada en Semana Santa, y comunica con la antesala del coro alto que es la misma antesala que da a la zona de dormitorio. La otra escalera, junto a la anterior, era de uso diario. La iglesia tiene una espadaña de dos vanos, rematada en frontón, levantada en el XVII.
Formando ángulo recto con la iglesia, desde la plaza de la Trinidad hasta casi llegar a la Alameda, se levanta un imponente cuerpo de edificación, cuyas dimensiones aproximadas son unos 12 metros de ancho, 15 metros de alto y unos 40 de ancho. Una gran nave medieval. Se trata de una construcción del trescientos, de potentes y elevados arcos perpiaños de piedra con arista abocelada, que sustentan una cubierta a dos aguas. Los contrafuertes son interiores. En el siglo XVIII se construyó a media altura un forjado, de modo que el espacio quedó dividido en dos niveles. En el inferior se instaló entonces el refectorio.

(Wikipedia)

Monasterio de San Jerónimo - Guijosa

El Convento fue fundado por D. Pedro Fernández de Frías, Obispo de Osma y más tarde Cardenal, en el año 1401. El monasterio se erigió cerca de la Ermita de Santa Águeda, donde ya se alojaban algunos eremitas y aprovechando una fuente que había en los alrededores. Se terminó en el año 1403 y fue habitado por 25 monjes de la orden de San Jerónimo. El Monasterio se encuentra cerca de la localidad de Guijosa en el término municipal de Espeja de San Marcelino. La Iglesia era de principios del siglo XV (gótico tardío), en el siglo XVII ya poseía un claustro donde vivía el convento y otro más pequeño para hospedería.
En el siglo XVI, sobre el año 1525, Don Diego de Avellaneda, obispo de Tuy compró a los monjes el patronazgo de la Capilla Mayor de la iglesia y de una colateral en el crucero con derecho a enterramiento. En las capillas se enterraron Don Diego de Avellaneda en el presbiterio, y sus padres, Don Diego de Avellaneda y Doña Isabel de Proaño, en el crucero de la iglesia, obra de Felipe Vigarny. Al lado del Evangelio enfrente de los sepulcros de los padres de Don Diego de Avellaneda estaba enterrado Don Lope de Avellaneda, pariente del obispo y Comendador.
El estilo del edificio era el gótico tardío y con planta de cruz latina, el interior medía 45 m. de largo y 25 m. de ancho en el crucero. En su interior una verja de hierro cerraba la capilla mayor, su traza era elegante y sencilla. La nave estaba dividida en cuatro tramos, el ábside y el crucero estaban rematados por una cúpula, rebajada la primera y de media naranja el segundo (estilo renacentista). En el lado del evangelio había una portada renacentista. Destacaba el Convento por su colección de cantorales, poseía un escriptorio que abastecía de libros a muchas iglesias y conventos de la provincia (siglos XVI y XVII).
Del gran Convento que fue tan sólo queda una pared en pie, resistió la Guerra de la Independencia y el Trienio Liberal pero no fue capaz de resistir a la Desamortización de Mendizábal. La iglesia permaneció en pie hasta después de la Guerra Civil pero fue imposible resistir a los numerosos expolios que sufrió.
Y ya que estamos en las cercanías de Guijosa demos una vuelta por este bello pueblo. Guijosa se encuentra enclavada en la ribera del río Pilde y es una zona de transición entre la zona de pinares y la Ribera. En sus cercanías se encuentra la única ermita románica del municipio Nuestra Señora de la Concepción, consta de una sola nave más ancha que alta, ábside cuadrado y portada con arquivoltas lisas y dos columnas con capiteles decorados con imágenes de seres fantásticos. 
En el pueblo también se puede contemplar su iglesia y algunas bodegas en la montaña.

(Soria increíble)

Museo de san Telmo - San Sebastián

El edificio originario del museo es un antiguo convento de frailes dominicos, construido en la falda del monte Urgull a mediados del siglo XVI gracias al mecenazgo del noble guipuzcoano Alonso de Idiáquez, Secretario de Estado del emperador Carlos V. Las obras se iniciaron en 1544 y finalizaron en 1562.
Es un edificio de transición entre el estilo gótico y el renacentista, ya que a pesar de su estructura goticista, incorpora en su alzado una serie de elementos renacentistas. Una de las grandes originalidades de este antiguo convento estriba en la ubicación del claustro: lo habitual es que esté colocado en el lateral de la iglesia, pero en este caso, por las limitaciones de espacio que imponía el monte, se erigió al pie de la misma.
En 1813, durante la Guerra de la Independencia, la ciudad de San Sebastián fue saqueada y devastada, y el convento sufrió grandes desperfectos; entre otros bienes, perdió su retablo principal. En 1836, con la Desamortización de Mendizábal, fueron expulsados los frailes del convento y el conjunto se convirtió en cuartel de artillería.
En 1913 el edificio fue declarado Monumento Nacional, siendo adquirido por el Ayuntamiento en 1928 mientras que el claustro sigue siendo propiedad del Estado español. Se inauguró como nueva sede del Museo en el año 1932, embellecido con una fachada palaciega que imita el estilo renacentista. Las celebraciones de inauguración incluyeron un concierto dirigido por Manuel de Falla, quien acudió gracias a las gestiones del pintor Ignacio Zuloaga. Poco después, el muralista catalán Josep Maria Sert decoró con temas alegóricos vascos las paredes de la iglesia, secularizada y reutilizada como salón de actos.
Obras de reforma concluidas en 2011, con un coste de 28,5 millones de euros, han incluido el remozamiento integral del museo y una ampliación discretamente encajada en el monte. Fue diseñada por los arquitectos Nieto y Sobejano.